viernes, 4 de abril de 2014

ÁFRICA
A partir de su llegada al continente africano Europa creó imágenes y concepciones tomándose a sí misma como EL referente y EL ejemplo que debía ser repetido en otras latitudes, de forma impositiva implantó modelos de vida, de actuar y de pensar, herramientas que le ayudarían a consolidar su influencia hegemónica tanto en África como en otras partes del mundo concebidas como “la otredad” (Asia y América Latina).
De esta forma se comenzaron a estructurar estereotipos plagados de connotaciones negativas sobre las “características” de los pueblos africanos, tal y como lo apunta Jean Paul Sartre: “La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena, se introdujeron los principios de la cultura occidental [lengua, conocimientos, formas de vestir, de actuar] […]” [1]
Bajo dicha lógica se prosiguió a estructurar una imagen –errada- del continente procediendo a implementar una violencia epistemológica en todo sentido, partiendo del supuesto de que el conocimiento europeo era universal [homogeneizante con un carácter paternalista], se inició el proceso de colonización con la imposición de patrones culturales creando con ello un centro y una periferia.


[1] Cfr. J. Daniel Toledo Beltrán, Asia y África en la historia: enfoques, imágenes y estereotipos en Toledo, Daniel: Asia y África en la Historia, México, UAM Iztapalapa, 1998, p.1.

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