ÁFRICA
A partir de su
llegada al continente africano Europa creó imágenes y concepciones tomándose a
sí misma como EL referente y EL ejemplo que debía ser repetido en otras
latitudes, de forma impositiva implantó modelos de vida, de actuar y de pensar,
herramientas que le ayudarían a consolidar su influencia hegemónica tanto en
África como en otras partes del mundo concebidas como “la otredad” (Asia y
América Latina).
De
esta forma se comenzaron a estructurar estereotipos plagados de connotaciones
negativas sobre las “características” de los pueblos africanos, tal y como lo
apunta Jean Paul Sartre: “La élite europea se dedicó a fabricar una élite
indígena, se introdujeron los principios de la cultura occidental [lengua,
conocimientos, formas de vestir, de actuar] […]” [1]
Bajo
dicha lógica se prosiguió a estructurar una imagen –errada- del continente
procediendo a implementar una violencia epistemológica en todo sentido,
partiendo del supuesto de que el conocimiento europeo era universal [homogeneizante
con un carácter paternalista], se inició el proceso de colonización con la
imposición de patrones culturales creando con ello un centro y una periferia.
[1]
Cfr. J. Daniel Toledo Beltrán, Asia y África en la historia: enfoques, imágenes
y estereotipos en Toledo, Daniel: Asia y África en la Historia, México, UAM
Iztapalapa, 1998, p.1.
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